Un hospital cerrado

La accesibilidad a centros hospitalarios o de salud ha mejorado con el paso de los años y con el aumento de las tecnologías. Desde la aplicación de rampas para las entradas a la instalación de puertas automáticas, todo han sido adelantos para que las personas con movilidad reducida puedan acceder al lugar donde le están facilitando volver a la normalidad o donde le tratan para que su vida sea lo más normalizada posible.

Hace tiempo, cuando las puertas eran de bisagras y no había más remedio que empujar, era un desatino para personas en sillas de ruedas o con unas simples muletas el poder acceder a los centros de salud u hospitalarios, y no digo nada cuando estas puertas se quedaban atoradas por el uso masivo y la gente, con dolencias y movilidad más que reducida, tenían que esperar en la calle a que algún buen samaritano les ayudara para entrar. Lo cierto, es que estos casos aún se dan, recuerdo en un hospital de Cáceres que todavía tiene puertas de bisagra cómo uno de los cierres no abría y se tuvo que llamar a un cerrajero rápido para que pudiéramos entrar al centro; en menos de 30 minutos llegó, abrió la puerta y accedimos al interior. Lo gracioso es que tampoco desde la dirección del hospital se nos indicó el uso de otras puertas laterales, pero eso, ya es agua pasada. Si no llega a ser por aquel hombre con su caja de herramientas, esa puerta seguiría cerrada, estoy seguro.

Aunque haya mayor accesibilidad por la creación de rampas y accesos, si las puertas están cerradas, no sirven de nada y somos el resto de los viandantes, o los propios enfermeros o celadores los que te ayudan a entrar para que tu salud no se tenga que resentir todavía más por culpa de algo que no te atañe. Lo que de verdad me alegra de todo este tema es que cualquier persona, por mal que esté, puede acceder a los servicios sanitarios en este país, con menor o mayor suerte, pero la asistencia médica, aún no se niega a nadie.